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¿Qué significa realmente ‘La justicia social’?
por Rose Marie Berge
El año 2007 es el año del Señor. De acuerdo a la tradición bíblica cada séptimo año el pueblo de Dios es invitado a celebrar el “Año de la remisión” (Shmita, en Hebreo). Es un año en que la tierra y los cultivos así como los animales domésticos descansan, cuando los acreedores se abstienen de cobrar las deudas, y cuando la Ley del Señor es leída a todos (marcando el cumplimiento del ciclo litúrgico de la Torá).
Estas antiguas costumbres y pactos bíblicos forman el fundamento del concepto cristiano de justicia. En la tradición cristiana, particularmente en la enseñanza católica, la justicia y la caridad social forman el eje horizontal, y la justicia y la caridad individual el eje vertical. Todos estos cuatro elementos trabajan en armonía para beneficio de las personas y sus comunidades a fin de vivir el mandamiento: Ama a Dios y ama a tu prójimo como a ti mismo.
La justicia es un código moral que sirve de guía para una sociedad justa y equitativa. Cuando un individuo actúa en nombre de la justicia, él o ella alza su voz por lo que él / ella cree que es correcto. La caridad es el sentido básico de la generosidad y de la buena voluntad hacia los otros, especialmente hacia aquellos que sufren. La caridad individual es cuando uno responde a las necesidades más inmediatas de los otros – como por ejemplo siendo voluntaria (o) en un refugio para mujeres maltratadas.
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Los profetas, concientizadores de la injusticia
por Erika Izquierdo Paiva
Quizás lo primero que se nos venga a la mente cuando hablamos de un profeta es la imagen de un personaje con aspecto misterioso que sospechamos posee la sobrenatural capacidad de predecir acontecimientos en el futuro. De hecho en la historia de la humanidad repetidamente se le ha atribuido este título a gente que ostenta (o ha fanfarroneado tener) estas virtudes. Entonces, no resulta nada raro, que la mayoría de nosotros hayamos asumido que estas son las únicas “ocupaciones laborales” del profeta. Sin embargo, cuando las Escrituras nos hablan sobre estos personajes, nos podemos dar cuenta de que el concepto y su práctica vocacional va mucho más allá de sólo presagiar acontecimientos del futuro humanamente imprevisibles.
Sustentados en la certeza de que Dios los ha llamado, los profetas de Israel, protestan angustiados contra la hipocresía de una fe de apariencias y formalidades. Denuncian el vínculo entre la corrupción de sus creencias y la corrupción moral de la nación. Condenan las injusticias sociales de quienes tienen poder económico y político. Resguardan los derechos de los pobres sometidos a agravios que ofenden al mismo Dios. Y es sólo entonces, que como consecuencia de estos pecados personales y sociales, los profetas advertirán las terribles secuelas de estas perversiones.
Ellos son los portavoces de Dios en medio de las circunstancias en que les toca vivir, iluminando, denunciando y, aunque parezca difícil de entender después de todo lo terrible que ellos revelan, también suscitando esperanza.
Es por eso que, a lo largo de la memoria de la salvación, los profetas han desempeñado un papel fundamental. Ellos son un punto de referencia decisivo para el pueblo de Dios en las épocas más difíciles de su historia. Y es que, el mensaje del que son portavoces no proviene de si mismos sino de Dios; quien a través de ellos no deja de
hablar a su pueblo, confrontándolos a ver más allá de lo evidente.
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